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Don Abelardo Moreira es uno de esos paisanos que – por estos tiempos – casi no se encuentran en la campaña oriental. Ataviado con tradicional uniforme gauchesco lo encontramos durante nuestra visita a pueblo Araujo. Notoriamente emocionado, a sus 71 años recordó tiempos de su niñez.
Jubilado de peón rural. Dedicó gran parte de su vida a tareas vinculadas a las cosechas de remolacha azucarera, sandía, boniatos, maíz, y otras actividades relacionadas a la agricultura. En épocas mozas fue acordeonista, tocaba la guitarra y cantaba.
De pronto, Moreira se pone algo nostálgico y relata parte de su crianza, la que fue en un entorno humilde. Recuerda que “nació en un rancho de paja y terrón y la dedicación de su madre por darle un futuro mejor.
Los tiempos han cambiado y aquellas épocas donde el vecino se mostraba más sensible hacia las necesidades de los demás se fueron terminando. Ahora las cosas son muy distintas”, reflexiona con enormes lágrimas que recorren parte de su rostro curtido por el devenir de los años, mientras una copa de vino alimenta parte de su estado emocional. “Como soy un hombre de sangre entera se me caen las lágrimas al recordar a mi madre y mis años de niño”, agrega con voz entrecortada.
El viejo paisano ve como en pocos minutos su rudeza se hace pedazos con solo repasar parte de un pasado que seguramente lo marcó. “Usted me está haciendo llorar hermano”, nos dice con una pequeña pausa, mientras intenta secar su rostro. Por momentos parece no mostrarse muy amigable de los forasteros que a veces pasan por el pueblo. En tanto, mientras se recupera de su momento emotivo afirma “enfáticamente que su pueblo es Araujo. Nací acá y voy a morir acá y quiero que mis huesos queden en este lugar, si señor”, acentuando con su cabeza lo dicho.
“La cosa hoy es complicada porque ahora se acabó todo. La forestal nos destruyó el pueblito, aunque yo de acá no me muevo”, afirma.
Sobre el final de la entrevista hace referencia a sus ideales partidarios, remarcando su condición de buen nacionalista, y elevando su voz remata diciendo que “yo soy blanco como hueso de bagual”, mientras prepara su caballo para posar en la foto.
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