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El recorrer la campaña sanducera nos permite encontrar y descubrir permanentemente a personas que encaran la vida como si se tratara de una obra de arte. La que cualquier artista plástico va moldeando día tras día. Escultura en la que el artista entrega todo de sí para que al final todos puedan elogiar tan destacado trabajo. Seguramente para muchos de nuestros protagonistas la vida en el campo tiene parte de esa impronta. Donde cada día sea tan importante como el anterior y así forjar un futuro más prometedor, con el desafiante compromiso de hacerlo bien.
Amado Ferrari es nacido en pueblo Soto y aunque se alejó a muy temprana edad de su tierra natal, nunca olvidó sus raíces y siempre soñó con algún día ejecutar alguna actividad que le devolviera en parte ese sentimiento de pertenencia. Vivió un tiempo en Cerro Chato y por cosas de la vida el destino lo llevó hasta Paysandú ciudad donde, como dice Ferrari “hice de todo. Trabajé en la construcción y en una fábrica de mosaicos, aunque tenía una materia pendiente conmigo mismo, pues quería terminar los estudios”. Así fue que culminó sus estudios secundarios en el liceo nocturno. Posteriormente obtuvo varios trabajos como administrativo. Estuvo vinculado ocho años en la administración de Calpa y formó parte de una empresa unipersonal hasta llegar a ser funcionario de la Dirección Nacional de Emigración. Actualmente jubilado recuerda que por el año 1984 comenzó a desarrollar una actividad que lo mantendría lo suficientemente ocupado como para dedicarle el tiempo que merece. Es así que desde hace 24 años la apicultura fue el medio que Ferrari encontró para volver a sus raíces. Ferrari cuenta que la apicultura es una producción bastante nueva en el país. Impulsada por los rusos, recién en entre 1960 y 1970 comenzó aparecer en el leguaje de los productores de la época.
El productor confiesa que la abeja necesita mucha dedicación y atención, porque se tiene que hacer un estricto seguimiento, celosa manipulación y riguroso cuidado sanitario. Sus colmenas se encuentran en la zona conocida como la rinconada del Queguay en cercanías del arroyo Chingolo sobre la estancia Las Rosas. El hábitat donde sus abejas producen miel es pradera y monte natural. “Este emprendimiento me ha devuelto definitivamente el vínculo con el entorno que me vio nacer. No en vano cada vez que voy al lugar es como reencontrarme con parte de mi pasado rural, al que tanto añoro. Ferrari es hoy directivo de la Cooperativa Agraria de Responsabilidad Suplementada de Apicultores Sanduceros (Calapis), siendo su actual presidente.
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