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Reconstruir una vida a una cierta edad, sin contar con el dinero suficiente y tener que resolver en muy poco tiempo parte de un proyecto personal, buscando otros destinos y horizontes no es lo normal para cualquier persona. Esta es la historia de un médico paraguayo, que a los treinta años de edad debió huir de su país, porque las cosas comenzaban a complicarse.
Por la década de 1960 el panorama latinoamericano no era el mejor y los derechos humanos comenzaban a ser los suficientemente inestables como para que muchos prendieran la luz de alerta. Atilio Esquivel Gaona nació en Asunción – paraguay, tiene 78 años cumplidos, es casado con Susana Ascurra. Son padres de Augusto y Maríaliz. El varón estudió en la Universidad ORT y hoy trabaja en el Arapey Resort de Salto, mientras que la hija mujer vive en Montevideo, es sexóloga y especializada en violencia doméstica. Esquivel llegó a Uruguay tras las luchas por la democracia y por la libertad en el país guaraní. Ello pasaba por el año 1960, cuando Esquivel tenía treinta años de edad.
El doctor Esquivel accedió a la entrevista solicitada por EL TELEGRAFO y comenzó relatando intensamente sus primeros tiempos vividos en nuestro país.
“Los derechos humanos pasaban por momentos muy complejos. Todo lo que la policía capturaba – en Paraguay – desaparecía”, sostuvo.
Estuvo un tiempo clandestino, luego se asiló en la embajada uruguaya, posteriormente llegó a nuestro país como asilado político. De ahí en más su vida transcurrió con el permanente desafío de encarar una cuesta arriba difícil. Esquivel reflexiona sobre el presente de su país, porque tiene muchos problemas y “vamos a ver como puede hacer Lugo para avanzar, porque Latinoamérica vive una revolución sin armas, sin tanques, sangre, pero existen cambios fantásticos que mucha gente aun no ha podido percibir”, agregó el médico.
“Yo pude escapar del plan Cóndor en Paraguay y por eso me vine para el Uruguay. Primero tuve que hacer la reválida de mi título en medicina, pero sin documentos, por eso tuve que tramitar los papeles de asilado político.
Al comenzar a tomar contacto con otros médicos me preguntaban, que hace usted acá. Por qué no va a Tupambaé o a otras partes del interior, hasta que un cierto día me vine para Guichón. No conocía a nadie”. Tuvo que volver a comenzar.
Confiesa que un cierto día vino por demanda de trabajo, libertad y de garantías, y tras casi cincuenta años de vivir en éste país concluye en que “Uruguay es un país lindo para nacer y hermoso para morir”.
Esquivel, se muestra emocionado al recordar aquel lejano día “cuando me pusieron el sello de la reválida del título. Frente al Ministerio de Salud Pública estaba el banco República y te daban el crédito de rehabilitación profesional, una suma de 2500 pesos de aquel tiempo. Con ese dinero compré cama, parte del consultorio y algunas herramientas para poder comenzar a trabajar. Todo era muy modesto. Mi trabajo médico se concentró en la soledad de una tarea donde en el interior rural tienes que ser médico que domine varias áreas: traumatólogo, ginecólogo, endocrinólogo, asistir partos, en fin muchas cosas a la vez”. Tuvo que conocer y dominar el área de influencia de Guichón visitando todos los pueblos de la zona.
En cuanto a su profesión rescata que “hoy el plan de equidad pretende cambiar una realidad que diferenciaba la tarea de un médico de ciudad con el de la campaña. En cuanto a las fortalezas que debe tener un profesional de la salud en éstos lugares, expresó que “solamente el conocimiento – que cada vez es más intenso – lleva a uno a superarse”. Trabajó 40 años en forma honoraria en el hospital de Guichón. Hoy se muestra agradecido y devuelve el respeto y cariño que los guichonenses tienen para su persona.
Consultado sobre si alguna vez pensó en regresara a su patria, Esquivel comenta “muchas veces me pregunto que hago aquí, porque yo me recibí en mi país y tendría que estar atendiendo a mi propia gente, pero así son las cosas en la vida y hoy también agradezco a éste país”, finalizó.
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