| |
Cristina Magdalena Alvez Rivero es una mujer que a sus 75 años de edad mantiene fresca en su memoria un pasado que la marcó durante gran parte de su vida. Madre de diez hijos – cinco varones y cinco mujeres – conserva intactos capítulos de una infancia con fuertes recuerdos, plagados de nostalgia, tristezas y alegrías. En el presente relato, doña Cristina recrea con interesante descripción los lugares referentes del pueblo que la vio nacer por el año 1933 – Cuchilla del Fuego – como así también algunos de sus habitantes, a quienes recuerda con afecto y cariño.
Un cierto día, su hija Silvia acercó a la redacción de EL TELEGRAFO una carta que su madre había escrito con la intención de publicar parte de una historia vivida por alguien que deseaba aportar datos de un lugar que para muchos parece haber quedado en el olvido.
Doña Cristina, ya hace algunos meses que vive con Silvia, una de sus hijas en un barrio ubicado al sur de Paysandú. Hasta 1971 estuvo en Cuchilla del Fuego, posteriormente se radicó – hasta el año pasado – en Guichón, aunque confesó que esa ciudad nunca le gustó. De alguna manera se la puede ver algo reservada. Habla lo suficiente, cuenta lo necesario y recuerda los viejos tiempos que la marcaron para siempre.
Rememora que de niña concurrió a la escuela 81 en un predio contiguo a la comisaría. Era un rancho levantado en paja y terrón. Fue criada por su abuela y afirma que los años de niñez fueron tiempos muy duros. Tenía pasión por estudiar, pero no pudo continuar con una carrera, pues solo llegó hasta quinto año escolar.
Por el año 1939, en el pueblo habían construidas 23 casitas en barro y sostiene que siempre fue un pueblo olvidado por la sociedad. Contábamos con una comisaría, donde al fondo del predio existía una avenida de árboles de eucaliptos. La escuela original estaba construida en barro y techo, pero con el correr de los años al edificio lo levantaron en ladrillo y techo de paja. Para ello fue utilizado el mismo predio donde funcionó anteriormente. En aquellos años recuerdo a doña Enriqueta Oliveira de Manisse, que fue la primera directora del establecimiento y a su ayudante Nina Carotini. Había que verlas llegar a la escuela en sulky. Por aquellos años la escuela llegó a contar con nueve maestras. De los establecimientos de los alrededores recuerda a las estancias San Joaquín, El Toboso y Corrales Chico.
Ya en ese tiempo oriundos del pueblo quedaban muy pocos. La gente comenzó a marcharse, unos nos fuimos para Guichón y otros para pueblos cercanos.
Parece que aun veo al viejo almacén de ramos generales de don José Alberto Da Silveira, lamentablemente desaparecido en una gran tormenta que por el año 1998 arrasó con el pueblo. Al tiempo el pueblito se levantó de las ruinas y durante la gestión municipal del doctor Jorge Washington Larrañaga se construyó un complejo de casa en material. Ello fue posible también gracias a un estanciero muy querido en la zona. Es así que don Washington Pesce y su esposa donan los terrenos y así Cuchilla del fuego tuvo otra oportunidad. Hoy solo pido a Dios por todas esas familias olvidadas, que vengan nuevos y mejores tiempos para todos ellos. Sobre el final de la charla no faltó el comentario de Silvia, quien aseguró que los mejores bailes y quermeses se hicieron siempre en Cuchilla del Fuego, en los que amanecían bailando sanamente junto a otros vecinos.
VOLVER |

|