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A medida que avanzamos con nuestras historias de vida de personas que han dedicado cada uno de sus días al esfuerzo y al trabajo, terminamos por convencernos de que existe gente que imagina – por su entrega – que lo mejor está por venir. Este es uno de esos tantos casos de productores que un cierto día tuvieron que comenzar de nuevo. La crisis de 2002 golpeó duro a muchos, algunos lo perdieron todo y no pudieron recuperarse, mientras otros alcanzaron a sanear créditos, aunque tuvieron que vender casi todo y volvieron a empezar.
Oriundo de Puntas de Buricayupí diego Henderson Lemes llegó a Quebracho en el año 1985. Fue a la escuela 80 a caballo recorriendo 20 kilómetros por día. Al culminar la escuela rural estudió mecánico tornero en la Universidad del Trabajo del Uruguay (UTU). Posteriormente volvió al campo a trabajar con su padre como peón. Allí aprendió a tropear, alambrar, a ordeñar y a todas las actividades que el ámbito rural demanda y exige.
Su familia está compuesta por su señora esposa, dos hijos varones y una niña. Es hermano de dos mujeres y un varón.
En su pausado relato comentó que “aprendió todas las tareas rurales. Luego arrendé un campo en la zona de Queguayar – donde instalé un tambo – cuando cumplí los veinte años me casé y formé mi propia familia”.
Los primeros cuatro años ordeñó a mano, después pudo acceder a la tecnología – máquina eléctrica y tanques de frío cumpliendo todo el proceso – fue una experiencia que la ejecutó durante 18. En el 2002, durante la crisis por la que atravesaba el país optó por pagar todas las deudas. Causal de ello tuvo que vender todas las vacas. Canceló créditos en el banco, pudo sanear la deuda y como quien dice – volvió a empezar. Hoy tiene un campo que lo arrendó para cultivos y se quedando con 20 hectáreas para desarrollar ganadería.
En cuanto a la situación que el campo uruguayo vive en el presente, Henderson afirma que “nunca se dio la avalancha de precios que hay hoy por hoy. Desde que me conozco como productor lechero nunca vi que la leche valiera 40 centavos de dólares, cuando en algún momento se daban picos de 20, pero eran dos o tres meses y volvía a precios de 12 o 14 y ahí quedaba. Como también hubo crisis en la que el producto no valía ni ocho centavos de dólares. Ahí fue donde los tamberos no pudieron absorber las deudas. Arrastrando intereses, no pudimos soportar los valores de la deuda, más la tecnología que tuvimos que asumir como energía eléctrica, máquinas de avanzada y equipos de circuito cerrado. Todo se hizo verdaderamente cuesta arriba”, sostuvo.
Consultado sobre la incidencia que las multinacionales han ejercido sobre el pequeño y mediano productor, Henderson expresó que “posiblemente a cierto productor chico no lo tomó bien parado con sus deudas y lo afectó, pero aquel que pudo sanear sus deudas hoy está trabajando y ha podido continuar con sus producciones”, sostuvo.
Al finalizar la entrevista afirmó una vez más su convicción de sentirse hombre de campo. “Me gusta el agro, soy hombre de campo y lo que hay que hacer lo sabemos hacer”, sentenció con una leve sonrisa.
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