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A lo largo de la ruta 26 existen varios establecimientos escolares. Al cruzar por ellos cualquiera puede imaginar – que en cierto modo y por encontrarse a metros de un tendido que cruza todo el departamento sanducero – gozan de algunos privilegios como lo puede ser el transporte, pero en algunos casos lejos están de esa realidad.
La escuela 76 de Paso Castell de Corrales es un establecimiento que funciona como internado escolar rural. Ubicado en el kilómetro 160 de la ruta 26 y en cercanías al arroyo Corrales, es atendido por dos maestras y una auxiliar de servicio: Elisa Faris, María Helena Rodríguez y Margot Lemos. Concurren veinticuatro alumnos, los que llegan desde varios establecimientos de la zona. En los alrededores de la escuela viven unas quince familias. Los padres dejan a sus hijos el lunes y pasan por ellos el viernes siguiente de cada semana. Se cumple con horario de escuela rural de 10 a 15. Algunos se trasladan en ómnibus, mientras otros lo hacen a caballo – llegando a recorrer unos 45 kilómetros para poder concurrir a clases, en tanto el resto lo hace en autos particulares. La realidad social y económica revela a familias bien constituidas. Todos son trabajadores rurales, peones y cocineras que dedican gran parte de sus actividades en establecimientos de la zona.
Según relata Elisa Faris, maestra directora de la referida escuela “la familia participa y se involucra a las diferentes actividades tales como festivales, donde se hacen chorizos caseros y venta de carne asada. Detrás de ellos están los patrones, quienes nos han dado un gran impulso. Existe un fuerte apoyo de la comunidad. Por ejemplo, cuando vine el año pasado no había agua caliente en el establecimiento. Los niños se bañaban calentando agua en una olla y al ver que era imposible calentar el agua de esa manera – ya que se trataba de muchos niños – se compró un calefón a gas. Fue una gran inversión porque se tuvo que contratar a un técnico para instalarlo por la seguridad de todos. Fue ahí donde los niños y nosotros pudimos contar con agua caliente. Desde ese día todo el mundo se quiere bañar y disfrutar de esa comodidad. La mayoría de los niños no tienen en la casa agua caliente. Por eso para mi es muy importante que la escuela le brinde ese derecho. Creo que es lo mejor que le puede pasar a cualquier niño. Considero que la escuela debe brindarle al niño lo máximo y lo mejor”.
Allí, la docente rescata una pequeña anécdota. “Un cierto día le pregunto a una de las pequeñas si se había bañado. Ella me aseguró que sí, pero me dí cuenta que algo no andaba bien. Le miré sus manitos y sus cabellos y no parecían haber pasado por el agua.
A los minutos me confesó que le tenía miedo al agua caliente. Claro, en su casa solo lo hacían con agua fría, tanto en invierno como en verano. Ahora no hay quien la saque de la ducha”.
La escuela no cuenta con agua potable, pero existe un proyecto de traer un molino para extraer agua desde un pozo semisurgente. Esa mejora va a ser posible gracias a la Fundación USMEN del establecimiento Itacabó y gracias al ingeniero agrónomo Luís Pedro Reyes, la escuela ya cuenta con el depósito para concretar el referido avance.
La maestra directora asegura que “ellos han colaborado mucho, ya el año pasado contribuyeron con una heladera con freezer a gas. La sociedad Juan Gastelú donó un calefón a gas de 85 litros, mientras que un vecino nos trajo una cortadora de pasto”, agregó.
Elisa Faris confiesa amar a la escuela rural y si bien ha hecho un curso de directores urbanos, con sus veintiocho años de maestra rural se muestra apasionada afirmando que “el internado le ha permitido crecer definitivamente”.
Como alegría destaca el reconocimiento y como la gente se acuerda del maestro. Por ejemplo “yo estuve en el internado escolar de Queguay Chico y los vecinos de esa localidad se vienen al acto de fin de cursos de esta escuela. Me da mucha alegría verlos”. Mientras que lo que le provoca mayor tristeza es “no poder cumplir con todas las expectativas que yo mismo me pongo, soy muy ansiosa y quiero las cosas ya. La vida me ha enseñado ha que hay que esperar un poco y que todo se va a solucionar. Por eso tengo un lema; cuando suceden los problemas los enfrento, no me adelanto, y me ha dado muy buen resultado” reflexionó.
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