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De mirada firme y de relato contundente. Expresivo y moldeado a la vieja usanza del hombre de campo. Si bien accedió a la entrevista, en todo momento se mostró reservado y cuidadoso de cada palabra que emitía. Por momentos se mostraba severo por demás, fustigando duramente al sistema. Una leve sonrisa apenas movió sus espesos bigotes blancos, como acto de cortesía frente al visitante de turno. Cuando estrechó su mano para el saludo inicial y al momento de presentarme, solo exclamó, “ah! sí, lo he escuchado por radio. Usted es el que relata basquetbol, comentó rápidamente.
Hace cuarenta años que llegó a la zona de Santa Kilda. Radicado sobre las costas del arroyo Sarandí. Arribó al lugar como colono. Primero como arrendatario y luego como promitente comprador. Don Héctor Díaz Bono confiesa que logró pagar la fracción con un sacrificio que mejor prefiere no recordar. Padre de tres hijos de los cuales dos mujeres viven en Montevideo casadas y un varón que vive con él. Está junto a su esposa y a su hijo y ya es abuelo. Es productor ganadero, dedica parte de la actividad a la agricultura y a un pequeño emprendimiento forestal.
Don Díaz Bono a sus 66 años expresa que “como productor colono las cosas cada día son más difíciles. Porque estamos en un mundo donde el productor chico ha quedado a merced de los grandes capitales y lo digo en el buen sentido del término. Estos capitales están avasallando todo y el colono al único que tiene para recurrir es al Instituto Nacional de Colonización”, aseveró.
Mucho sacrificio y poco rédito parece resultar una ecuación que poco le preocupa a Díaz Bono, porque su convicción de vivir en el campo no le ha dejado lugar a otra opción.
“No sabemos realmente a donde va a parar todo esto. Además, me gusta el campo y mi decisión de quedarme es porque pienso que mañana o pasado mis hijos y nietos pueden seguir con la explotación de lo que hoy produzco. Acá no se conoce lo que está pasando. Vivimos en un lugar que tiene cien mil hectáreas de colonias, es el grupo de colonos más grande que existe en el mundo. Empieza en el río Queguay y termina en la Meseta de Artigas. Hay casi seis complejos (Mevir) Movimiento de Erradicación de la Vivienda Insalubre Rural, más las unidades productivas. Existen más de quinientos kilómetros de caminería interna y unas 24 escuelas. En la zona nada pudo comprar el Instituto y nuestros jóvenes cada vez tienen menos tierra para producir. Además, de que Uruguay productivo me hablan si para poder hacer una pradera hay que comenzar a conseguir los siete mil y pico de pesos para arrancar. Necesitamos producir mucho en muy poco territorio. No fue lo que yo aprendí hacer por el año 1966. Además, aquella filosofía de trabajo se perdió”.
Recuerda que los mejores momentos fueron cuando pudo solucionar la deuda y pudo pagar el campo. Mientras que los años de la dictadura fueron los tiempos más difíciles, comenta con relato entrecortado.
Díaz Bono afirma que “los medios de comunicación como la radio y televisión – a través de los noticieros – apenas exponen una pequeña parte de lo que nosotros vivimos acá. Con el agregado de que los diarios para estos lados no llegan”, sentenció.
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