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Incondicional e intransferible. Seductora y única. La pausa, es precisamente ese tiempo que no tiene precio. Las imágenes que se suceden una tras otra y los sentidos que se estimulan ante la invasión de las múltiples sensaciones que el ambiente dispara. Tan simple como la propia atmósfera en la que se desarrollan las escenas. Es nuestro tiempo y es necesario disfrutarlo. Lo creamos nosotros y nosotros somos el principal actor. El hombre de campo, también necesita de ese tiempo de recreación momentánea que – al menos por unas horas a la semana – lo saque de su labor diaria. Su compromiso con la tierra no le genera mucho margen para que éste, dedique mucho más tiempo del que tiene para regocijo personal. Solamente él sabe del valor que tiene ese momento. Ese instante le recuerda que también se puede pensar en la nada, mirando sin mirar y donde todo ocurre en una extraña armonía.
Un perfume, una imagen, el trinar de las aves silvestres o la brisa que despeina nuestro stress, arrancándonos, por el tiempo que creamos necesario, de la rutina diaria. Poco importa el momento y el lugar cuando el tiempo que necesitamos para una pausa se transforma en indispensable. No interesa si ese instante lo vamos a utilizar en ejecutar alguna tarea o simplemente será un motivo para alimentar el ocio. Hasta algunos podrán afirmar que es para estar con una rubia, sin revelar de quien se trata, dejando la interrogante planteada, aunque seguros están de que precisamente no hablan de una bella dama. Es que no siempre contamos con el tiempo del mundo para dedicarnos un momento de reflexión. Saboreando las cosas que más nos gusta. Ese instante, donde se hace imprescindible alejarnos del ruido, tiene que preservar una sola condición y debe resultar obligatoriamente único. La pausa, es en esencia mucho más que un breve descanso. Es mirar a lo lejos sin distinguir las imágenes, es compartir, sin ser protagonista directo. Es disfrutar del sonido de la naturaleza sin llegar a perturbarla. Para aquellos que tienen esta envidiable oportunidad bien saben que disfrutar de ese tiempo puede resultar la experiencia más reveladora, porque significa en mucho de los casos encontrarnos con nosotros mismos.
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