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El ferrocarril marcó decididamente a las comunidades del interior rural uruguayo y hubo un tiempo en el que se desarrollaron un sin fin de actividades sociales y comerciales en torno al transporte que los ingleses fomentaron en muchas partes del mundo.
Muestra de la gran incidencia que el transporte ferroviario tuvo sobre nuestra sociedad por la mitad del siglo XX aún se puede descubrir a través de viejas estaciones abandonadas y de otras que se mantienen en funcionamiento. Porque muchos aseguran que en un futuro no tan lejano los uruguayos vamos a volver a ver a las enormes fieras de hierro devorar distancias por los campos del país.
Dentro de las pocas estaciones operativas se encuentra la de Tres Árboles. Una vieja construcción en piedra que en el presente juega un papel fundamental en el transporte de cargas conectando los ramales de Salto – Tres Árboles. Tres Árboles – Piedra Sola y Tres Árboles – Chamberlaing.
Leomidio da Silveira Miravalles tiene 53 años es mecánico tornero, egresado de los talleres Don Bosco y en noviembre del año en curso cumplirá 30 años como funcionario de AFE (Administración de Ferrocarriles del Estado). Hace 11 años que trabaja en estación Tres Árboles. Desde 1987 a 1990 desempeñó funciones como jefe en
estación Totoral y desde 1990 a 1997 como telegrafista en Piedra Sola.
Casado con Ana María Silveira Paredes, son padres de dos hijos – Leonidio Ignacio de 25 años y Betina Gisell de 16. El varón es casado y vive en Paysandú. En tanto la joven estudia en Guichón.
Da Silveira es hijo de ferroviario y cuenta que su padre – Leonidio da Silveira ingresó a AFE a los 14 años jubilándose a los 60. Cuenta que él nació en Montevideo, pero su familia vivió en cercanías del arroyo Laureles.
Seguramente el movimiento de la estación Tres Árboles dista de muchas otras, que solo son visitadas por curiosos, quienes procuran capturar imágenes y recordar buenos tiempos.
En estación Tres Árboles el movimiento – si bien no es fluido – es suficiente como para inquietar al entorno.
Un par de trenes por día cruzan con un horario irregular programados por Montevideo, transportando rolos de madera de Tacuarembó y Rivera a Fray Bentos, arroz a granel desde Salto a estación Lorenzo Carnelli, cemento Pórtland y cebada desde Paysandú a Brasil por Rivera.
Da Silveira recuerda que “cuando él ingresó en 1978 y trabajando en estación Merinos, el ferrocarril estaba muy caído y por 1980 el gobierno militar contrató unos dos mil funcionarios y hubo un intento de rehabilitar el sistema ferroviario. Hoy, por resolución de AFE solo existen las estaciones que tienen empalme y Tres Árboles es una de ellas”, sostuvo.
Ganado ovino y vacuno, lanas y cereales era el transporte de carga más frecuente. Por aquellos años la firma más fuerte en la zona era Santallana que tenía tres estancias: La Calera, Santander y El Toboso. Esa gente cuando embarcaba lo hacía con 50 a 60 vagones, solo de ganado. Mientras que de lana cargaban unos 16 vagones completos. Almacenaban la lana en un galpón de la estación, que tiene una capacidad de 16 vagones de lana. Porque según relata da Silveira “cuando el río Queguay crecía resultaba difícil transportar con camiones chicos la mercadería. Porque por aquellos años no existían camiones grandes. Una vez que se completaba el galpón pasaban la carga al tren y así a los destinos fijados”.
Da Silveira no da lugar a dudas, “la desaparición del transporte ferroviario conspiró contra las comunidades rurales. Fue un transporte concebido para sociedades pobres. Porque el sentido del ferrocarril era atender a la gente pobre – a las familias y estudiantes de la zona – porque todos los pueblos se fueron levantando en torno al ferrocarril – además por mejor esfuerzo que la intendencia haga e invierta en caminería rural, hoy los caminos no aguantan tanto tránsito pesado”, sostuvo.
“En Tres Árboles llegaron a trabajar hasta el año 1985 tres telegrafistas, tres peones y un jefe. Pero, hace cinco años que quedé solo porque jubilaron a un compañero y ahora soy jefe y peón”, comenta da Silveira entre risas.
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