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Un destacamento policial que hace unos tres años dejó de funcionar, un establecimiento escolar al que concurren unos nueve niños y un boliche de los que todavía se mantienen en pie, dan cierta señal de civilización a Palmar de Quebracho. Ese grupo de construcciones ubicadas a unos 16 kilómetros al noreste de la radial Quebracho en ruta 3, se distribuyen en una gran curva sobre un sinuoso camino vecinal.
En su origen, fue una colonia conformada por alemanes y criollos con producción agrícola – ganadero, hoy el territorio no llega a contar con diez
Familias. La muestra más clara queda revelada en la cantidad de niños que concurren a la escuela 22. Mientras que en el año 2005 eran 26, hoy son apenas nueve alumnos. La mayoría de ellos llegan a caballo recorriendo distancias de hasta ocho kilómetros. Otras colonias de referencia en el territorio son Santa Kilda y Baltasar Brum originadas por el año 1948.
Precisamente la escuela sigue siendo el lugar de referencia, en donde los habitantes de la zona mantienen un verdadero sentimiento de pertenencia organizando actividades sociales, que les permite – en cierta forma – mantener unida a la pequeña comunidad. En este sentido se puede escuchar comentarios sobre la preocupación de los padres en cuanto a la incertidumbre de la permanencia de la escuela, ya que a fin de año dos de los nueve alumnos que concurren actualmente al establecimiento culminarán sus estudios primarios y el futuro no es muy alentador si tomamos en cuenta que solo un niño ingresaría el próximo año.
Como hemos relatado en otras tantas oportunidades en esta sección, la forestación ganó decididamente terrenos en el litoral oeste uruguayo y muchos de los viejos agricultores y pequeños chacareros de Palmar de Quebracho terminaron por vender sus parcelas. Algunos, afirman que esta realidad data de mucho antes que esta nueva modalidad de cultivo llegara a la zona. Las tierras habían perdido su calidad y sumado al endeudamiento, la gente optó por vender sus bienes. Otras de las familias se dedicaron a la producción lechera – con pequeños tambos para consumo familiar – mientras que otros han incursionado en producciones alternativas, como la fabricación de quesos artesanales.
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