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Espontáneo y alegre. Portador de una particular sonrisa, propia de un hombre que ama las cosas simples de la vida. Al estrechar su mano podemos comprobar rápidamente su sencillez, la que revela instantáneamente su decidido interés por seguir cosechando amigos.
Antonio “Tono” Di Perna tiene 45 años, es casado con Alejandra y son padres de Maira, una niña de seis años. El chamamé y el campo. La radio y la música litoraleña son su pasión, mientras que el grito del Sapucai es el sello que lo identifica. El popular “Tonito”, aceptó la propuesta de la Sección interior de EL TELGRAFO, hablar de las cosas simples que tiene la vida, desde sus primeras idas al campo hasta la grabación de un disco.
Di Perna confiesa su predilección por la música litoraleña, la que comenzó a descubrir a muy temprana edad. “Desde chico siempre fui al campo – al Medieval – en Celestino”. Siempre se mostró muy interesado en aprender sobre las actividades campestres y reflexiona comentando brevemente que “uno cuando quiere aprender algo acude a quien está en el tema; al peón, al paisano, al capataz, al gaucho, son los que están en contacto con los animales y las cosas del campo y son los que en definitiva te pueden enseñar. Es como un albañil, primero pregunta como se hace la mezcla y como se encara el trabajo, después seguramente consultará al arquitecto y se instruirá en una carrera o en algunos estudios”, afirma.
“Siempre me atraparon esos entornos, siempre me gustó escuchar al peón y al capataz, aunque de todos modos me faltó mucho por aprender. Los fogones también me han permitido interiorizarme de las historias de campo, las leyendas en esas tertulias interminables que se arman después de comer. Uno va captando y se contagia de todo eso, en las camperiadas, cuadreras, yerras, jineteadas y así poder interpretar la filosofía de vida del hombre de campo. Así dediqué muchos años de mi juventud, mientras estudiaba preparatorio para después ingresar a facultad de agronomía, pero sufrí un problema de salud – del que me tengo que cuidar hasta ahora – y no pude continuar con la carrera. En tiempo de vacaciones recuerdo que concurría mucho al campo, eran buenos tiempo”.
En relación a su experiencia artística, Di Perna cuenta que “trabajando en el año 1984, “momento que ingresé a veterinaria Volpe – lógicamente un trabajo bien relacionado con el campo – conocí a Juan Carlos Mársico que era vendedor de una empresa que abastecía a Volpe. Este muchacho hacía unos tres meses que había organizado a unos jóvenes – en radio Charrúa – para conformar a Los Sanduceros del Chamamé. Confieso que a mi me gustaba mucho la música litoraleña, como Los Hermanos Cuestas. Por aquel tiempo no estaba muy difundida esa música por estos pagos. A mi me encantaba el Sapucai, creo que el Sapucai nace con el conjunto Ivotí por el año 1982, a través de Reinaldo Filipi, que fomentó ese estilo. Eso me estimuló mucho y comencé a pegar unos gritos y andaba probando solo en el campo. Yo decía no grito igual, pero me gusta y lo hago. Al principio fue una sorpresa para muchos. Causaba disconformidad en algunos, mientras otros me daban manija. Un cierto día, Mársico – en una charla – le comenta al Pico Malgor que había formado un grupo y que le faltaba un Sapucai y así me convocaron a mí. Fue por el año 1990, me hicieron una prueba en un ensayo. Ese día quedé impactado al escuchar al grupo, tocaban tan igual a Ivotí que me sorprendió. Me aceptaron y me quedé. De los recuerdos más gratos que tengo de ese periplo artístico musical fue que conocí mucha gente y me pude relacionar. Llegué a tener un programa en radio Charrúa – Paisajes del Litoral – que fue inaugurado por Chichí Vidiella. Comunicar, emitir música y pasar información me gusta mucho”. Actualmente su programa – El Fogón del Tono – que se emite por Más FM es la incondicional compañía para mucha gente de la ciudad y el campo. Ese romance con la radio es parte de su vida. Compartir un mate temprano por la mañana y pasar música folklórica le genera un sentimiento muy especial.
Sobre el final y consultado sobre si grupo podría reunirse nuevamente, comentó, “no creo que Los Sanduceros del Chamamé se vuelvan a juntar. Estuvimos quince años juntos, llegamos a grabar un disco. Pero, todo eso forma parte de un interesante pasado. El grupo estuvo integrado por Marcelo Fagúndez en acordeón de tres hileras, Saúl Sosa en acordeón a piano, Miguel Sosa en la voz, Juan Carlos Sosa en guitarra y Ruben Martínez”, finalizó.
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