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Seguramente quienes aun no hemos llegado a los cuarenta no imaginamos como será nuestra vida cuando nos retiremos de nuestra actividad laboral.
Muchos afirman que el ser jubilado, permite concretar otros proyectos, que no pudieron realizarse – tiempo atrás – por un tema estrictamente de tiempo. Otros no dudan en sentenciar que el estar retirado, permite dedicar mucho más tiempo a la recreación y descansar por todos los años que no pudieron hacerlo. Todo dependerá del momento de nuestras vidas en que nos toma el referido retiro. Llegar a la condición de jubilado despierta muchas sensaciones y no faltará que alguien se aferre en decir que se trata de la tercera juventud, como muchos especialistas refieren a esa etapa de la vida. Durante nuestra última visita a villa Tambores y mientras la tarde invernal brillaba con un sol radiante, conocimos a don Walter Apesetche. Un simpático veterano que a sus 73 años es jubilado de industria y comercio. Invadidos por su energía y por sus ganas de hablar entablamos una entretenida charla, propia de dos personas que hace mucho tiempo no se ven, pero en nuestro caso ni siquiera nos conocíamos.
La vida de jubilado le permite hacer varias actividades domésticas, antes de entablar la charla con nosotros se encontraba reparando una cisterna en su domicilio. Se conforma con la vida que lleva. Nunca pensó en irse, porque a su señora nunca le gustó otra ciudad. Acá me radiqué y aquí me quedé. Afirma que el ambiente lo hace uno y que la vida que lleva es muy tranquila.
Don Apesetche nació en Achar – una localidad cercana a villa Tambores – con el tiempo se radicó en la villa que comparten – territorialmente hablando – Tacuarembó y Paysandú. Ello ocurrió el 12 de octubre de 1958. Casado y padre de un varón y una mujer, no dudó un instante en comentar orgullosamente que él es padre de Cocorico Apesetche, cantante de la Sinfónica de Tambores. Y según nos confiesa, el origen de su apellido – vasco francés – significa “Casa del cura”.
Aprovechando lo agradable de la tarde compartimos un entretenido diálogo, que nos permitió conocer un poco más al simpático veterano. Apesetche nos cuenta que “fue propietario de una tienda y zapatería”. Egresado de los Talleres Don Bosco en la capital del país, se especializó en la fabricación de calzados. Compró la maquinaria a un muchacho que también se dedicaba al rubro y así avanzó con su proyecto.
“Hubo un tiempo proficuo de mucho trabajo y en una época el negocio marchó muy bien”.
Fabricaba muchas botas en cuero y zapatos acordonados. Recuerda que tenía mucho trabajo, eso significaba más clientes, atendiendo una importante demanda. La materia prima la compraba en Montevideo. Fueron años de intensa actividad, tarea que desempeñó hasta el año 1972.
Su amabilidad es la muestra fiel de un hombre que le sonríe a la vida y que transmite esa calidez propia de la gente de nuestro interior rural.
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