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Pregonar la palabra de Dios en los tiempos que corren es un permanente desafío para quienes tienen el compromiso de convencer al prójimo de que la existencia de un Ser superior salvará nuestras almas. Los sacerdotes son, de alguna forma el vínculo entre lo terrenal y lo celestial. Transmitir las buenas costumbres a las familias y convencerse de que vendrá un tiempo nuevo para los tiempos que corren no es tarea fácil.
Durante nuestra recorrida semanal por el interior del departamento nos encontramos con uno de esos mensajeros de Díos. El sacerdote Zenón Carazzolo es el protagonista de nuestra historia. Nacido en Verona – la patria de Romeo y Julieta – como menciona al pasar entre risas el propio Zenón. Hace cuatro años que está en Uruguay. Tiempo después de estar en varias localidades, tuvo una breve estadía en nuestra ciudad, hasta que finalmente hoy la campaña sanducera es su escenario natural. Argumenta que “el obispo de Salto – un cierto día – pidió una ayuda a uno de nosotros y por eso me vine para Paysandú. El llegar a ser sacerdote es algo que se va madurando paso a paso. Ofrecer y dedicar la vida a Dios es un verdadero proceso y una elección de vida”, relata alegremente. Su presencia revela simpatía y una admirable y contagiosa alegría con todos aquellos que se le acercan para entablar – al menos por un par de minutos – un breve diálogo.
Carazzolo mantuvo una pequeña entrevista con EL TELEGRAFO y ello permitió interpretar parte de la actividad que desempeña. Con genuino acento italiano, pero con clara pronunciación del castellano nos relató que “llevar a las pequeñas comunidades rurales la palabra de fe significa un compromiso hacia el prójimo. Se trata de animar tres valores importantes: la libertad, la igualdad y la fraternidad. Esos valores son animados por Jesucristo quien dice que todos tenemos un padre en el cielo y que nosotros somos hermanos. Entonces formar en cada pueblo ese estilo de familia de manera que las personas se sientan bien y seguros unos con otros y no encontrarse con personas que consideramos enemigos”. Carazzolo afirma que “la gente ha perdido parte de esa fe, debido al cambio de sociedad muy grande que hubo en los últimos tiempos. Imagine que todos estos pueblos estaban sin luz eléctrica, y al llegar ese servicio de energía, llegó la televisión. Ese medio propone un estilo de vida bien individualista y menos solidaria. Creo que esos medios de comunicación conspiran – en cierta forma – con la unión familiar, porque todas estas comunidades que estaban acostumbradas a las quermeses, bailes o actividades criollas, se encuentran con que de pronto le entra todo el mundo a su casa a través de un solo medio de comunicación”. Mientras su relato se hacía cada vez más apasionado, descubrimos su convicción y su preocupación porque las personas no pierdan el concepto de familia a través de la palabra de Dios.
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