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Rápidamente los escenarios cambiaron y las historias comenzaron a dispararse una tras otra, rescatar historias y mostrar a sus protagonistas; relatando intensos capítulos de gente común exhibiendo sus escenarios, revelaron velozmente que una vez abierta esa puerta no habría posibilidad de volver hacia atrás.
Quitarnos definitivamente esa visión ciudadana que muchos de nosotros tenemos cuando escuchamos o hablamos sobre la vida en el campo; acercar a las comunidades y a sus pobladores; respetar sus códigos y sus costumbres; escuchar detenidamente cuando nos narran sus alegrías y tristezas, despojados de los intereses de actores políticos que – muchas veces – están alejados de las verdaderas necesidades de la gente. Tan simple como sus propios protagonistas, así ha sido éste trabajo desde su propia concepción.
Cada semana tengo el desafío de recorrer los polvorientos caminos del interior rural sanducero y ello me ha permitido abrir una nueva ventana hacia quienes vivimos en la ciudad. Pero, además me ha generado redescubrir territorios y paisajes cargados de una seductora atmósfera que nos invita a quedarnos definitivamente. Y aunque nuestra vida está en la ciudad, muchas veces nos invade la ansiedad por regresar a esos impactantes lugares. Las escuelas rurales, sus maestras y los niños. Las estaciones de ferrocarril abandonadas y las que continúan operativas.
Este es un sincero, humilde y respetuoso reconocimiento a todos aquellos que contribuyen a construir la historia diaria de los pueblos, comprometidos con el presente, para poder así imaginar un futuro más prometedor.
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